"Más de 90 por ciento de estos homicidios y ejecuciones, según lo hemos venido catalogando, obedece precisamente a la lucha de unos contra otros, es decir, no son ni siquiera acciones. Ha habido muchos soldados y policías caídos dentro de su deber, pero este es un porcentaje que no llega, por ejemplo, al cinco por ciento de sus muertes" declaraba Felipe Calderón sobre el número de muertes en su "guerra contra el narcotráfico", el mismo día en que las calles de Cuernavaca estaban casi por completo vacías, con la gente en sus casas por el miedo generado por un correo electrónico que amenazaba con violencia entre cárteles y que le advertía a la ciudadanía, no salir de sus casas después de las ocho de la noche.
Calderón no encuentra relación entre estos dos hechos - o no le interesa admitirla - y continúa con el discurso de la necesidad de su estrategia.
Comienza con la falacia de que sólo el cinco por ciento de los muertos son civiles para después contradecirse, diciendo que el porcentaje de soldados y policías caídos en cumplimiento de su deber "no llega al cinco por ciento de esas muertes".
A menos que nos fallen las matemáticas, eso nos deja un noventa y cinco por ciento de civiles muertos. En caso contrario, no nos ha notificado del cambio de la definición de civil en las leyes mexicanas: "que no es militar o eclesiástico".
Escuchamos también hoy al Secretario de Gobernación, decir que "quien quiera paz y vida sométase a la ley. Del lado de la sociedad está la ley, del otro lado hay violencia". El mismo discurso disfrazado de acusación flamígera.
Lo que nosotros escuchamos con esto es que en este país hay dos tipos de "civiles": los muertos por amargas casualidades - "penosas y dolorosas" para el señor Calderón, por supuesto, aunque luego se contabilizan como "bajas colaterales", sin nombre ni investigación, todas resultado de fuego cruzado - y civiles que se merecen morir.
Es preocupante el discurso, pero nos han demostrado con hechos que hay ciudadanos mexicanos que no gozan de las más mínimas garantías individuales, o de acceso a la justicia. ¿Cuántos de los más de veintidós mil muertos en la mal llamada "guerra contra el narcotráfico" han sido investigados? ¿Cuántas personas han sido detenidas y procesadas por la muerte de estos civiles malportados? ¿Qué juez declaró que en realidad eran delincuentes y no fueron falsamente acusados de serlo, como los estudiantes del ITESM o los niños asesinados en Tamaulipas? ¿Cuándo se legisló para volver a permitir la pena de muerte en México?
Escandaloso el caso de José Humberto Márquez Compeán, presunto narcomenudista detenido el 21 de marzo en Santa Catarina, municipio de Nuevo León, por policías municipales y posteriormente trasladado por efectivos de la Marina a un hospital para "atender sus heridas". José Humberto apareció ejecutado el 22 de Marzo en un lote baldío en San Nicolás de los Garza, estando en todo momento bajo custodia de las autoridades.
No hay una explicación coherente para este hecho. Luis Eduardo Murrieta Maya, director de la policía municipal de Santa Catarina, declaró ante el Ministerio Público que el helicóptero de la Secretaría de Marina (SEMAR) que trasladó al detenido al hospital, regresó minutos después para recogerlos y que fue este momento cuando "perdió contacto" con el detenido.
Se contradice la SEMAR con el señor Murrieta, que asegura que sólo lo trasladó al hospital, junto con Marcelo Adrián Lugo Barajas, detenido al mismo tiempo que José Humberto.
Este civil se merecía morir. Eso nos dice la autoridad. Al no estar sometido a la ley no tiene garantizada su vida, y no a través de un "enfrentamiento", sino por una ejecución extrajudicial, así sin más. Sin juicio, sin investigación, sin estorbosos procedimientos legales.
Ni siquiera el escándalo los obliga a darnos una explicación coherente y castigo a los autores de esta brutalidad.
Ante tal escenario - los narcotraficantes con su ley impuesta con las armas y la autoridad decidiendo sin más quién merece vivir o morir y ocupados con retenes y enfrentamientos, pretendiendo que nos defienden - los ciudadanos estamos inermes.
Ninguno de los dos bandos - son bandos, Felipe Calderón no habla de ciudades o de estados, sino de plazas, cual jefe de un cártel - está ocupado de la protección de los ciudadanos o por garantizar la vigencia del estado de derecho.
Por esta misma razón, cuando un cártel amenaza con enfrentamientos y determina que la gente debe estar en sus casas para las ocho de la noche, se hace, sin más. Nadie quiere quedar en medio del "fuego cruzado", o ser agredido por un narcotraficante y poner la respectiva denuncia en el Ministerio Público.
¿La autoridad nos garantiza que los cárteles no tienen informantes en las oficinas de los Ministerios? ¿Que la investigación se seguirá y se detendrá al agresor cuando no se investigan los homicidios?
No, nos quedamos en nuestras casas sin arriesgar la vida por unos u otros.
Lourdes Lorence Quiñones
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viernes, 23 de abril de 2010
martes, 30 de marzo de 2010
Calderón, el hombre espectáculo
Al señor Calderón le gustan las cámaras de televisión, le gusta hacer símiles de la política con el fútbol, le gusta "simplificar" los temas para explicarnos de qué se tratan y le gusta saber que el tema que eligió para consolidarse políticamente, es uno sobre el que ninguno de los mexicanos contradecimos el diagnóstico, así es más fácil tratar de convencernos sobre la pertinencia de su estrategia.
La semana pasada nos hizo un resumen muy particular sobre el tema del narcotráfico: Es como “si un día llegas en la noche, después de trabajar y le dices a tu esposa: mi vida, sabes que aquí, en la cochera, dejé entrar a dos muchachos muy simpáticos. Van a bolear zapatos, no se van a meter con nadie. Ahí me van a dar un porcentajito de las boleadas y no hay problema. Y a los ocho días llegas cansadísimo, te quieres echar un sándwich del refri y ya ves al cuate abriendo el refri. Comiéndose tu sándwich. Híjole, qué le digo. No, mejor no. Ya ves que trae su cuerno de chivo ahí. Al rato te lo encuentras en la tina echando burbujas, en fin. Hasta que te los encuentras en la recámara y vienes a decir: oye, el cuate se está poniendo mi traje y ve tú a saber qué otra cosa. Entonces, la verdad es que mejor no los hubiera dejado entrar”. 1
No es que el señor piense que no entendemos el problema, que no vivimos diariamente el miedo de encontrarnos una balacera, de ser secuestrados, de ver una ejecución y de las demás manifestaciones de la violencia que su estrategia amplificó.
Y no es que él no sepa del tema o no entienda la gravedad del avance de los cárteles en todo el territorio mexicano, simplemente pasa que esa exposición de los temas es parte de su estrategia de marketing político.
Mil y una vez acusado de utilizar el tema del narcotráfico como arma para legitimarse después de las elecciones del 2006, ahora no sólo lo dicen sus detractores de la izquierda, lo dice también Manuel Espino en entrevista con Proceso (14 de Marzo 2010, No. 1741):
“Cuando él decide declararle la guerra al crimen organizado a mí me da mucho gusto; en el extranjero me jacté de tener un presidente valiente. Pero me equivoqué: di por hecho que tomó la decisión sobre la base de un diagnóstico que, también supuse, había definido entre el 2 de julio –día de la victoria electoral– y el 1 de diciembre –cuando tomó posesión–. Pensé que había dialogado con el gobierno de Estados Unidos y con el de Guatemala, con gobernadores, con alcaldes de las ciudades más importantes del país y con líderes de los sectores más representativos. Me resistí a pensar que el nuevo presidente de México estuviera improvisando una guerra.
Fue simplemente una medida política, ahora lo creo así. Una decisión unilateral, porque no consultó con otros países, con nadie. Fue una decisión personal de Felipe Calderón. Quizá fue una respuesta a la presión que sobre él ejerció el cuestionamiento de su victoria. Una victoria que fue totalmente política.”
Uno de los problemas más graves con este enfoque es que no puede darse el lujo de perder la batalla mediática con el narcotráfico, el señor Calderón necesita éxitos en su guerra para mantener la viabilidad política de su gobierno. Por eso le reclama airadamente a los medios: "Tenemos un problema de percepción que también hay que trabajar. Claro que si uno ve la prensa nacional, desde luego, de la manta, además que dejan en un pueblo, un recado de fulano para zutano, lo que no tenemos o lo que no nos cuesta a cualquiera de ustedes o al gobierno es pagar una primera plana de varios millones de pesos, eso sí aparece en primera plana y a todo color"2
Ahora el señor Calderón enfrenta otras complicaciones, el asesinato de los dos estudiantes del ITESM campus Monterrey, Jorge Antonio Mercado Alonso y Francisco Javier Arredondo Verdugo, estudiantes de posgrado, en una de las puertas de acceso al campus el viernes 19 de Marzo, ha puesto sobre la mesa uno de los temas más criticados de su estrategia: la actuación del ejército en la "guerra contra el narcotráfico".
Organizaciones de Defensa de los Derechos Humanos han venido advirtiendo y después denunciando sistemáticamente, violaciones a los derechos humanos a civiles por parte de efectivos militares en activo.
En este caso es inocultable, se señaló inmediatamente a los dos jóvenes como sicarios, el Procurador de Justicia del Estado de Nuevo León, con información de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), le aseguró personalmente al rector del ITESM, Rafael Rangel Sostmann que no había estudiantes afectados.
La situación ha llevado al rector del ITESM a decir, a título personal (Entrevista con Proceso 28 de Marzo del 2010, No. 1743): “Yo, Rafael Rangel, sostengo que, por pura ley de probabilidades, debe haber muchas víctimas en el país que están sufriendo lo mismo que nuestros estudiantes. Los defendimos, pero el problema es que hay muchos a quienes no los defienden y sus crímenes (del ejército) quedan impunes, con un carpetazo, sin la menor investigación."
En la misma entrevista, asegura:
"(El Ejército y las autoridades) están haciendo cosas ilegales; entran al combate al narcotráfico pero haciendo cosas ilegales. Lo ilegal del Estado valida que los ciudadanos actúen en la ilegalidad. ¿Cómo explicar el caso de los estudiantes a los que les quitaron la identidad, los quisieron esconder, los llamaron sicarios, les endilgaron portación de armas, y ahora nadie es responsable?"
Es así de grave la crisis de la legitimidad de la actuación del ejército. Tanto como para cuestionar el estado de derecho.
Pero continúa agravándose la situación, el domingo 21 de Marzo, la prensa nacional cubrió la detención de dos narcomenudistas, identificados como José Humberto Márquez Compeán y Marcelo Adrián Lucio Barajas. La imágenes captaron a los detenidos subiendo a un helicóptero de la Marina rumbo al Hospital Universitario, sin embargo el lunes 22, José Humberto apareció ejecutado en San Nicolás.
Bajo la custodia oficial este joven fue ejecutado extrajudicialmente, y las dependencias simplemente se apuran a quitarse responsabilidades, la Secretaría de Marina (SEMAR) aclaró que solamente trasladó a los detenidos y que los dejó en custodia de la Policía Municipal del municipio de Santa Catarina y el Jefe de la Policía Municipal no ofrece información al respecto.
Lo grave es que la diferencia entre este caso y las probables decenas, cientos de otros haya sido una fotografía, la evidencia de que habían sido detenidos.
El día lunes 29 de Marzo, en conferencia de prensa, María, Jaime y Rigoberto Alvarado, campesinos del municipio de Buenaventura anunciaron su denuncia ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) pues acusan que efectivos del 35 Batallón de Infantería, detuvieron el 29 de diciembre del año pasado a tres personas y no los ha presentado.
La prueba en este caso es que la camioneta en que viajaban los detenidos, fue incautada por el ejército y puesta a disposición "en la Agencia Estatal de Investigaciones ubicada en Casas Grandes, donde permaneció varias semanas, según consta en el carpeta de investigación número 5326-000124/2009" 3
En este caso no hay fotografía, los medios electrónicos no están dándole seguimiento puntual a este caso, ¿cuántos más hay así en el país?
Y el señor Calderón, tan preocupado por su imagen, sabe que este es justamente el argumento más fuerte para replantear su estrategia y no está dispuesto a hacerlo.
Por eso no permite la visita del relator sobre ejecuciones extrajudiciales de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Philip Alston, a quién se le ha venido posponiendo la visita que él ha tratado de programar para venir a México, a constatar la situación sobre los llamados "asesinatos vigilantes", realizados por grupos organizados que actúan fuera de la ley, en los que pueden o no estar involucrados estamentos oficiales.
En respuesta a una pregunta sobre las suspicacias generadas por este hecho, Philip Alston declaró: "Me dijeron que podía hacer una visita en 2011, pero mi mandato acaba en 2010. Usted puede sacar sus propias conclusiones"4
Nosotros sacamos nuestras conclusiones.
Lourdes Lorence Quiñones
Fuentes:
1 Sesión de Preguntas y Respuestas del Presidente Calderón en la Comida de Clausura del XXIV Encuentro Nacional de Vivienda
Jorge Ramos
El Universal
Mérida Yucatán Jueves 25 de Febrero del 2010
http://www.eluniversal.com.mx/notas/661689.html
3 Denuncian ante la CIDH a soldados por capturar a campesinos y no presentarlos
Rubén Villalpando
Periódico La Jornada
Martes 30 de marzo de 2010, p. 8
http://www.jornada.unam.mx/2010/03/30/index.php?section=politica&article=008n1pol
4 Relator sobre ejecuciones extrajudiciales lamenta que México dé largas a su visita
Periódico La Jornada
Miércoles 28 de octubre de 2009, p. 13
http://www.jornada.unam.mx/2009/10/28/index.php?section=politica&article=013n1pol
La semana pasada nos hizo un resumen muy particular sobre el tema del narcotráfico: Es como “si un día llegas en la noche, después de trabajar y le dices a tu esposa: mi vida, sabes que aquí, en la cochera, dejé entrar a dos muchachos muy simpáticos. Van a bolear zapatos, no se van a meter con nadie. Ahí me van a dar un porcentajito de las boleadas y no hay problema. Y a los ocho días llegas cansadísimo, te quieres echar un sándwich del refri y ya ves al cuate abriendo el refri. Comiéndose tu sándwich. Híjole, qué le digo. No, mejor no. Ya ves que trae su cuerno de chivo ahí. Al rato te lo encuentras en la tina echando burbujas, en fin. Hasta que te los encuentras en la recámara y vienes a decir: oye, el cuate se está poniendo mi traje y ve tú a saber qué otra cosa. Entonces, la verdad es que mejor no los hubiera dejado entrar”. 1
No es que el señor piense que no entendemos el problema, que no vivimos diariamente el miedo de encontrarnos una balacera, de ser secuestrados, de ver una ejecución y de las demás manifestaciones de la violencia que su estrategia amplificó.
Y no es que él no sepa del tema o no entienda la gravedad del avance de los cárteles en todo el territorio mexicano, simplemente pasa que esa exposición de los temas es parte de su estrategia de marketing político.
Mil y una vez acusado de utilizar el tema del narcotráfico como arma para legitimarse después de las elecciones del 2006, ahora no sólo lo dicen sus detractores de la izquierda, lo dice también Manuel Espino en entrevista con Proceso (14 de Marzo 2010, No. 1741):
“Cuando él decide declararle la guerra al crimen organizado a mí me da mucho gusto; en el extranjero me jacté de tener un presidente valiente. Pero me equivoqué: di por hecho que tomó la decisión sobre la base de un diagnóstico que, también supuse, había definido entre el 2 de julio –día de la victoria electoral– y el 1 de diciembre –cuando tomó posesión–. Pensé que había dialogado con el gobierno de Estados Unidos y con el de Guatemala, con gobernadores, con alcaldes de las ciudades más importantes del país y con líderes de los sectores más representativos. Me resistí a pensar que el nuevo presidente de México estuviera improvisando una guerra.
Fue simplemente una medida política, ahora lo creo así. Una decisión unilateral, porque no consultó con otros países, con nadie. Fue una decisión personal de Felipe Calderón. Quizá fue una respuesta a la presión que sobre él ejerció el cuestionamiento de su victoria. Una victoria que fue totalmente política.”
Uno de los problemas más graves con este enfoque es que no puede darse el lujo de perder la batalla mediática con el narcotráfico, el señor Calderón necesita éxitos en su guerra para mantener la viabilidad política de su gobierno. Por eso le reclama airadamente a los medios: "Tenemos un problema de percepción que también hay que trabajar. Claro que si uno ve la prensa nacional, desde luego, de la manta, además que dejan en un pueblo, un recado de fulano para zutano, lo que no tenemos o lo que no nos cuesta a cualquiera de ustedes o al gobierno es pagar una primera plana de varios millones de pesos, eso sí aparece en primera plana y a todo color"2
Ahora el señor Calderón enfrenta otras complicaciones, el asesinato de los dos estudiantes del ITESM campus Monterrey, Jorge Antonio Mercado Alonso y Francisco Javier Arredondo Verdugo, estudiantes de posgrado, en una de las puertas de acceso al campus el viernes 19 de Marzo, ha puesto sobre la mesa uno de los temas más criticados de su estrategia: la actuación del ejército en la "guerra contra el narcotráfico".
Organizaciones de Defensa de los Derechos Humanos han venido advirtiendo y después denunciando sistemáticamente, violaciones a los derechos humanos a civiles por parte de efectivos militares en activo.
En este caso es inocultable, se señaló inmediatamente a los dos jóvenes como sicarios, el Procurador de Justicia del Estado de Nuevo León, con información de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), le aseguró personalmente al rector del ITESM, Rafael Rangel Sostmann que no había estudiantes afectados.
La situación ha llevado al rector del ITESM a decir, a título personal (Entrevista con Proceso 28 de Marzo del 2010, No. 1743): “Yo, Rafael Rangel, sostengo que, por pura ley de probabilidades, debe haber muchas víctimas en el país que están sufriendo lo mismo que nuestros estudiantes. Los defendimos, pero el problema es que hay muchos a quienes no los defienden y sus crímenes (del ejército) quedan impunes, con un carpetazo, sin la menor investigación."
En la misma entrevista, asegura:
"(El Ejército y las autoridades) están haciendo cosas ilegales; entran al combate al narcotráfico pero haciendo cosas ilegales. Lo ilegal del Estado valida que los ciudadanos actúen en la ilegalidad. ¿Cómo explicar el caso de los estudiantes a los que les quitaron la identidad, los quisieron esconder, los llamaron sicarios, les endilgaron portación de armas, y ahora nadie es responsable?"
Es así de grave la crisis de la legitimidad de la actuación del ejército. Tanto como para cuestionar el estado de derecho.
Pero continúa agravándose la situación, el domingo 21 de Marzo, la prensa nacional cubrió la detención de dos narcomenudistas, identificados como José Humberto Márquez Compeán y Marcelo Adrián Lucio Barajas. La imágenes captaron a los detenidos subiendo a un helicóptero de la Marina rumbo al Hospital Universitario, sin embargo el lunes 22, José Humberto apareció ejecutado en San Nicolás.
Bajo la custodia oficial este joven fue ejecutado extrajudicialmente, y las dependencias simplemente se apuran a quitarse responsabilidades, la Secretaría de Marina (SEMAR) aclaró que solamente trasladó a los detenidos y que los dejó en custodia de la Policía Municipal del municipio de Santa Catarina y el Jefe de la Policía Municipal no ofrece información al respecto.
Lo grave es que la diferencia entre este caso y las probables decenas, cientos de otros haya sido una fotografía, la evidencia de que habían sido detenidos.
El día lunes 29 de Marzo, en conferencia de prensa, María, Jaime y Rigoberto Alvarado, campesinos del municipio de Buenaventura anunciaron su denuncia ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) pues acusan que efectivos del 35 Batallón de Infantería, detuvieron el 29 de diciembre del año pasado a tres personas y no los ha presentado.
La prueba en este caso es que la camioneta en que viajaban los detenidos, fue incautada por el ejército y puesta a disposición "en la Agencia Estatal de Investigaciones ubicada en Casas Grandes, donde permaneció varias semanas, según consta en el carpeta de investigación número 5326-000124/2009" 3
En este caso no hay fotografía, los medios electrónicos no están dándole seguimiento puntual a este caso, ¿cuántos más hay así en el país?
Y el señor Calderón, tan preocupado por su imagen, sabe que este es justamente el argumento más fuerte para replantear su estrategia y no está dispuesto a hacerlo.
Por eso no permite la visita del relator sobre ejecuciones extrajudiciales de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Philip Alston, a quién se le ha venido posponiendo la visita que él ha tratado de programar para venir a México, a constatar la situación sobre los llamados "asesinatos vigilantes", realizados por grupos organizados que actúan fuera de la ley, en los que pueden o no estar involucrados estamentos oficiales.
En respuesta a una pregunta sobre las suspicacias generadas por este hecho, Philip Alston declaró: "Me dijeron que podía hacer una visita en 2011, pero mi mandato acaba en 2010. Usted puede sacar sus propias conclusiones"4
Nosotros sacamos nuestras conclusiones.
Lourdes Lorence Quiñones
Fuentes:
1 Sesión de Preguntas y Respuestas del Presidente Calderón en la Comida de Clausura del XXIV Encuentro Nacional de Vivienda
Miércoles, 24 de Marzo de 2010 | Discurso
http://www.presidencia.gob.mx/prensa/?contenido=54690
2 FCH fustiga a medios que difunden narcomensajeshttp://www.presidencia.gob.mx/prensa/?contenido=54690
Jorge Ramos
El Universal
Mérida Yucatán Jueves 25 de Febrero del 2010
http://www.eluniversal.com.mx/notas/661689.html
3 Denuncian ante la CIDH a soldados por capturar a campesinos y no presentarlos
Rubén Villalpando
Periódico La Jornada
Martes 30 de marzo de 2010, p. 8
http://www.jornada.unam.mx/2010/03/30/index.php?section=politica&article=008n1pol
4 Relator sobre ejecuciones extrajudiciales lamenta que México dé largas a su visita
Periódico La Jornada
Miércoles 28 de octubre de 2009, p. 13
http://www.jornada.unam.mx/2009/10/28/index.php?section=politica&article=013n1pol
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viernes, 18 de diciembre de 2009
La muerte de Arturo Beltrán Leyva
El miércoles 16 de Diciembre, efectivos de la Armada, mataron a Marco Arturo Beltrán Leyva, jefe del cártel que lleva sus apellidos. La noticia fue retomada en varios diarios internacionales, el New York Times reseñó el hecho en una nota de su edición en línea del jueves, por ejemplo.
El hecho ha sido promovido por el Gobierno Federal como uno de los mayores logros de la "guerra" contra el narcotráfico. Calderón lo anunció en una conferencia en Copenhague y dijo que se había dado muerte a uno de los tres narcotraficantes "más buscados" de México y la Armada, en su Comunicado 325/2009 del 17 de Diciembre, anunció que: "resultó muerto Arturo Beltrán Leyva, líder del cártel de Sinaloa".
Las ansias por tener logros importantes en esta guerra auto impuesta y repudiada por amplios sectores de la población, llevó a Calderón a mentirle a la sociedad, respecto al impacto de este golpe y respecto al lugar que Arturo Beltrán ocupaba en la estructura del narcotráfico en México.
Arturo Beltrán Leyva no era el líder del cártel de Sinaloa al momento de su muerte, o lo fue en cualquier momento de su vida. Cuando formaba parte de esta organización, era jefe de sicarios, controlaba dos grupos: "Los Pelones", en el estado de Guerrero, y "Los Güeros", en Sonora.
En Enero del 2008, los Beltrán Leyva se separaron del cártel de Sinaloa por diversas razones, la detención de uno de los hermanos (Alfredo) y desacuerdos económicos con Joaquín Guzmán (El Chapo) y respecto a la distribución de territorios.
Los Beltrán Leyva, ya separados del cártel de Sinaloa, controlaban una gran parte de Morelos, y territorios en Guerrero, Chiapas, Querétaro, Quintana Roo, Sonora, Sinaloa, Tamaulipas, estado de México y el Distrito Federal.
Se aliaron a los Zetas, escisión del cártel del Golfo para pelear territorios a la Federación, integrada por los cárteles de Juárez, Sinaloa, Guadalajara y Milenio.
Sin embargo, estamos hablando de una estructura de segundo nivel, una que controlaba, según Edgardo Buscaglia (experto en temas de narcotráfico y asesor de la ONU en este tema) alrededor de diecisiete por ciento del contrabando de droga que pasa por México, mientras que el cártel de Sinaloa, con su alianza, controla cerca del sesenta por ciento de éste.
Calderón hace mal en inflar este triunfo, en su intento por nublar las fuertes críticas que ha recibido su estrategia de combate al narcotráfico. Está tan ocupado en no admitir que su estrategia no está dando resultados, que hace no muchos días llamo a desoír a los "inocentes" que piensan que el problema se arreglaría "como por arte de magia".
Llamó entonces a desoír a los miles de manifestantes en Ciudad Juárez que el día 6 de Diciembre le solicitaron revisar su estrategia porque su ciudad es la más violenta del mundo, a pesar de la fuerte presencia militar en ella.
Llamó a desoír a las miles de personas que han interpuesto demandas en la CNDH por violaciones a sus garantías por parte del Ejército.
Viene la muerte de Arturo Beltrán Leyva y se cuelga de este hecho para seguir justificando su guerra, que más de un analista considera, más que una estrategia de combate al narcotráfico, su medio de legitimar a su gobierno, ante las críticas por su origen en las cuestionadas elecciones del 2006 y su pésimo desempeño en materias económica y social.
Las estructuras del narcotráfico mexicano quedaron intactas después de este hecho, incluso del propio cártel de los Beltrán Leyva si, como ellos reconocen, Edgar Valdéz Villarreal (La Barbie) no murió en este operativo ni fue detenido en el del día 11 en el fraccionamiento "Los Limoneros", en Ahuatepec, Morelos.
El hecho es que se mantienen intactas las redes financieras de los cárteles y con este golpe, más bien le hicieron un favor al Chapo Guzmán, al eliminar a uno de sus enemigos más molestos, como acusa la Rayuela del diario La Jornada, el día jueves 17 de Diciembre.
Es preocupante que el Gobierno Federal esté intentando desinformar a la sociedad con este hecho. No, no se detuvo al tercer hombre más buscado de México y no, no murió el líder del cártel de Sinaloa, ese sigue vivo y permanece siendo el fugitivo más famoso del sexenio foxista.
Lourdes Lorence Quiñones
El hecho ha sido promovido por el Gobierno Federal como uno de los mayores logros de la "guerra" contra el narcotráfico. Calderón lo anunció en una conferencia en Copenhague y dijo que se había dado muerte a uno de los tres narcotraficantes "más buscados" de México y la Armada, en su Comunicado 325/2009 del 17 de Diciembre, anunció que: "resultó muerto Arturo Beltrán Leyva, líder del cártel de Sinaloa".
Las ansias por tener logros importantes en esta guerra auto impuesta y repudiada por amplios sectores de la población, llevó a Calderón a mentirle a la sociedad, respecto al impacto de este golpe y respecto al lugar que Arturo Beltrán ocupaba en la estructura del narcotráfico en México.
Arturo Beltrán Leyva no era el líder del cártel de Sinaloa al momento de su muerte, o lo fue en cualquier momento de su vida. Cuando formaba parte de esta organización, era jefe de sicarios, controlaba dos grupos: "Los Pelones", en el estado de Guerrero, y "Los Güeros", en Sonora.
En Enero del 2008, los Beltrán Leyva se separaron del cártel de Sinaloa por diversas razones, la detención de uno de los hermanos (Alfredo) y desacuerdos económicos con Joaquín Guzmán (El Chapo) y respecto a la distribución de territorios.
Los Beltrán Leyva, ya separados del cártel de Sinaloa, controlaban una gran parte de Morelos, y territorios en Guerrero, Chiapas, Querétaro, Quintana Roo, Sonora, Sinaloa, Tamaulipas, estado de México y el Distrito Federal.
Se aliaron a los Zetas, escisión del cártel del Golfo para pelear territorios a la Federación, integrada por los cárteles de Juárez, Sinaloa, Guadalajara y Milenio.
Sin embargo, estamos hablando de una estructura de segundo nivel, una que controlaba, según Edgardo Buscaglia (experto en temas de narcotráfico y asesor de la ONU en este tema) alrededor de diecisiete por ciento del contrabando de droga que pasa por México, mientras que el cártel de Sinaloa, con su alianza, controla cerca del sesenta por ciento de éste.
Calderón hace mal en inflar este triunfo, en su intento por nublar las fuertes críticas que ha recibido su estrategia de combate al narcotráfico. Está tan ocupado en no admitir que su estrategia no está dando resultados, que hace no muchos días llamo a desoír a los "inocentes" que piensan que el problema se arreglaría "como por arte de magia".
Llamó entonces a desoír a los miles de manifestantes en Ciudad Juárez que el día 6 de Diciembre le solicitaron revisar su estrategia porque su ciudad es la más violenta del mundo, a pesar de la fuerte presencia militar en ella.
Llamó a desoír a las miles de personas que han interpuesto demandas en la CNDH por violaciones a sus garantías por parte del Ejército.
Viene la muerte de Arturo Beltrán Leyva y se cuelga de este hecho para seguir justificando su guerra, que más de un analista considera, más que una estrategia de combate al narcotráfico, su medio de legitimar a su gobierno, ante las críticas por su origen en las cuestionadas elecciones del 2006 y su pésimo desempeño en materias económica y social.
Las estructuras del narcotráfico mexicano quedaron intactas después de este hecho, incluso del propio cártel de los Beltrán Leyva si, como ellos reconocen, Edgar Valdéz Villarreal (La Barbie) no murió en este operativo ni fue detenido en el del día 11 en el fraccionamiento "Los Limoneros", en Ahuatepec, Morelos.
El hecho es que se mantienen intactas las redes financieras de los cárteles y con este golpe, más bien le hicieron un favor al Chapo Guzmán, al eliminar a uno de sus enemigos más molestos, como acusa la Rayuela del diario La Jornada, el día jueves 17 de Diciembre.
Es preocupante que el Gobierno Federal esté intentando desinformar a la sociedad con este hecho. No, no se detuvo al tercer hombre más buscado de México y no, no murió el líder del cártel de Sinaloa, ese sigue vivo y permanece siendo el fugitivo más famoso del sexenio foxista.
Lourdes Lorence Quiñones
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