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viernes, 23 de abril de 2010

Los civiles que merecen morir

"Más de 90 por ciento de estos homicidios y ejecuciones, según lo hemos venido catalogando, obedece precisamente a la lucha de unos contra otros, es decir, no son ni siquiera acciones. Ha habido muchos soldados y policías caídos dentro de su deber, pero este es un porcentaje que no llega, por ejemplo, al cinco por ciento de sus muertes" declaraba Felipe Calderón sobre el número de muertes en su "guerra contra el narcotráfico", el mismo día en que las calles de Cuernavaca estaban casi por completo vacías, con la gente en sus casas por el miedo generado por un correo electrónico que amenazaba con violencia entre cárteles y que le advertía a la ciudadanía, no salir de sus casas después de las ocho de la noche.

Calderón no encuentra relación entre estos dos hechos - o no le interesa admitirla - y continúa con el discurso de la necesidad de su estrategia.

Comienza con la falacia de que sólo el cinco por ciento de los muertos son civiles para después contradecirse, diciendo que el porcentaje de soldados y policías caídos en cumplimiento de su deber "no llega al cinco por ciento de esas muertes".

A menos que nos fallen las matemáticas, eso nos deja un noventa y cinco por ciento de civiles muertos. En caso contrario, no nos ha notificado del cambio de la definición de civil en las leyes mexicanas: "que no es militar o eclesiástico".

Escuchamos también hoy al Secretario de Gobernación, decir que "quien quiera paz y vida sométase a la ley. Del lado de la sociedad está la ley, del otro lado hay violencia". El mismo discurso disfrazado de acusación flamígera.

Lo que nosotros escuchamos con esto es que en este país hay dos tipos de "civiles": los muertos por amargas casualidades - "penosas y dolorosas" para el señor Calderón, por supuesto, aunque luego se contabilizan como "bajas colaterales", sin nombre ni investigación, todas resultado de fuego cruzado - y civiles que se merecen morir.

Es preocupante el discurso, pero nos han demostrado con hechos que hay ciudadanos mexicanos que no gozan de las más mínimas garantías individuales, o de acceso a la justicia. ¿Cuántos de los más de veintidós mil muertos en la mal llamada "guerra contra el narcotráfico" han sido investigados? ¿Cuántas personas han sido detenidas y procesadas por la muerte de estos civiles malportados? ¿Qué juez declaró que en realidad eran delincuentes y no fueron falsamente acusados de serlo, como los estudiantes del ITESM o los niños asesinados en Tamaulipas? ¿Cuándo se legisló para volver a permitir la pena de muerte en México?

Escandaloso el caso de José Humberto Márquez Compeán, presunto narcomenudista detenido el 21 de marzo en Santa Catarina, municipio de Nuevo León, por policías municipales y posteriormente trasladado por efectivos de la Marina a un hospital para "atender sus heridas". José Humberto apareció ejecutado el 22 de Marzo en un lote baldío en San Nicolás de los Garza, estando en todo momento bajo custodia de las autoridades.

No hay una explicación coherente para este hecho. Luis Eduardo Murrieta Maya, director de la policía municipal de Santa Catarina, declaró ante el Ministerio Público que el helicóptero de la Secretaría de Marina (SEMAR) que trasladó al detenido al hospital, regresó minutos después para recogerlos y que fue este momento cuando "perdió contacto" con el detenido.

Se contradice la SEMAR con el señor Murrieta, que asegura que sólo lo trasladó al hospital, junto con Marcelo Adrián Lugo Barajas, detenido al mismo tiempo que José Humberto.

Este civil se merecía morir. Eso nos dice la autoridad. Al no estar sometido a la ley no tiene garantizada su vida, y no a través de un "enfrentamiento", sino por una ejecución extrajudicial, así sin más. Sin juicio, sin investigación, sin estorbosos procedimientos legales.

Ni siquiera el escándalo los obliga a darnos una explicación coherente y castigo a los autores de esta brutalidad.

Ante tal escenario - los narcotraficantes con su ley impuesta con las armas y la autoridad decidiendo sin más quién merece vivir o morir y ocupados con retenes y enfrentamientos, pretendiendo que nos defienden - los ciudadanos estamos inermes.

Ninguno de los dos bandos - son bandos, Felipe Calderón no habla de ciudades o de estados, sino de plazas, cual jefe de un cártel - está ocupado de la protección de los ciudadanos o por garantizar la vigencia del estado de derecho.

Por esta misma razón, cuando un cártel amenaza con enfrentamientos y determina que la gente debe estar en sus casas para las ocho de la noche, se hace, sin más. Nadie quiere quedar en medio del "fuego cruzado", o ser agredido por un narcotraficante y poner la respectiva denuncia en el Ministerio Público.

¿La autoridad nos garantiza que los cárteles no tienen informantes en las oficinas de los Ministerios? ¿Que la investigación se seguirá y se detendrá al agresor cuando no se investigan los homicidios?

No, nos quedamos en nuestras casas sin arriesgar la vida por unos u otros.


Lourdes Lorence Quiñones

viernes, 18 de diciembre de 2009

La muerte de Arturo Beltrán Leyva

El miércoles 16 de Diciembre, efectivos de la Armada, mataron a Marco Arturo Beltrán Leyva, jefe del cártel que lleva sus apellidos. La noticia fue retomada en varios diarios internacionales, el New York Times reseñó el hecho en una nota de su edición en línea del jueves, por ejemplo.

El hecho ha sido promovido por el Gobierno Federal como uno de los mayores logros de la "guerra" contra el narcotráfico. Calderón lo anunció en una conferencia en Copenhague y dijo que se había dado muerte a uno de los tres narcotraficantes "más buscados" de México y la Armada, en su Comunicado 325/2009 del 17 de Diciembre, anunció que: "resultó muerto Arturo Beltrán Leyva, líder del cártel de Sinaloa".

Las ansias por tener logros importantes en esta guerra auto impuesta y repudiada por amplios sectores de la población, llevó a Calderón a mentirle a la sociedad, respecto al impacto de este golpe y respecto al lugar que Arturo Beltrán ocupaba en la estructura del narcotráfico en México.

Arturo Beltrán Leyva no era el líder del cártel de Sinaloa al momento de su muerte, o lo fue en cualquier momento de su vida. Cuando formaba parte de esta organización, era jefe de sicarios, controlaba dos grupos:
"Los Pelones", en el estado de Guerrero, y "Los Güeros", en Sonora.

En Enero del 2008, los Beltrán Leyva se separaron del cártel de Sinaloa por diversas razones, la detención de uno de los hermanos (Alfredo) y desacuerdos económicos con Joaquín Guzmán (El Chapo) y respecto a la distribución de territorios.

Los Beltrán Leyva, ya separados del cártel de Sinaloa, controlaban una gran parte de Morelos, y territorios en Guerrero, Chiapas, Querétaro, Quintana Roo, Sonora, Sinaloa, Tamaulipas, estado de México y el Distrito Federal.

Se aliaron a los Zetas, escisión del cártel del Golfo para pelear territorios a la Federación,
integrada por los cárteles de Juárez, Sinaloa, Guadalajara y Milenio.

Sin embargo, estamos hablando de una estructura de segundo nivel, una que controlaba, según Edgardo Buscaglia (experto en temas de narcotráfico y asesor de la ONU en este tema) alrededor de diecisiete por ciento del contrabando de droga que pasa por México, mientras que el cártel de Sinaloa, con su alianza, controla cerca del sesenta por ciento de éste.

Calderón hace mal en inflar este triunfo, en su intento por nublar las fuertes críticas que ha recibido su estrategia de combate al narcotráfico. Está tan ocupado en no admitir que su estrategia no está dando resultados, que hace no muchos días llamo a desoír a los "inocentes" que piensan que el problema se arreglaría "como por arte de magia".

Llamó entonces a desoír a los miles de manifestantes en Ciudad Juárez que el día 6 de Diciembre le solicitaron revisar su estrategia porque su ciudad es la más violenta del mundo, a pesar de la fuerte presencia militar en ella.


Llamó a desoír a las miles de personas que han interpuesto demandas en la CNDH por violaciones a sus garantías por parte del Ejército.

Viene la muerte de Arturo Beltrán Leyva y se cuelga de este hecho para seguir justificando su guerra, que más de un analista considera, más que una estrategia de combate al narcotráfico, su medio de legitimar a su gobierno, ante las críticas por su origen en las cuestionadas elecciones del 2006 y su pésimo desempeño en materias económica y social.

Las estructuras del narcotráfico mexicano quedaron intactas después de este hecho, incluso del propio cártel de los Beltrán Leyva si, como ellos reconocen, Edgar Valdéz Villarreal (La Barbie) no murió en este operativo ni fue detenido en el del día 11 en el fraccionamiento "Los Limoneros", en Ahuatepec, Morelos.

El hecho es que se mantienen intactas las redes financieras de los cárteles y con este golpe, más bien le hicieron un favor al Chapo Guzmán, al eliminar a uno de sus enemigos más molestos, como acusa la Rayuela del diario La Jornada, el día jueves 17 de Diciembre.

Es preocupante que el Gobierno Federal esté intentando desinformar a la sociedad con este hecho. No, no se detuvo al tercer hombre más buscado de México y no, no murió el líder del cártel de Sinaloa, ese sigue vivo y permanece siendo el fugitivo más famoso del sexenio foxista.

Lourdes Lorence Quiñones